Casarse en San Agustín

Yo, ... te quiero a ti, ..., como esposa
Yo, ..., te quiero a ti, a ti, ..., como esposo

Estas palabras están en el centro de la liturgia del matrimonio como sacramento de la Iglesia. Estas palabras las pronuncian los novios insertándolas en la siguiente fórmula del consentimiento:

...prometo serte fiel, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y honrarte todos los días de mi vida

Con estas palabras los novios contraen matrimonio y al mismo tiempo lo reciben como sacramento, del cual ambos son ministros.

Ambos, hombre y mujer, administran el sacramento. Lo hacen ante los testigos. Testigo cualificado es el sacerdote, que al mismo tiempo bendice el matrimonio y preside toda la liturgia del sacramento. Testigos, en cierto sentido, son además todos los participantes en el rito de la boda, y en “forma oficial” algunos de ellos (normalmente dos), llamados expresamente. Ellos deben testimoniar que el matrimonio se contrae ante Dios y lo confirma la Iglesia. En el orden normal de las cosas, el matrimonio sacramental es un acto público, por medio del cual dos personas, un hombre y una mujer, se convierten ante la sociedad de la Iglesia en marido y mujer, es decir, en sujeto actual de la vocación y de la vida matrimonial.” (San Juan Pablo II, Audiencia General, 5 de enero de 1983).

La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las «bodas del Cordero» (Ap 19,9; cf. Ap 19, 7). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su «misterio», de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación «en el Señor» (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32).

«La íntima comunidad de vida y amor conyugal, está fundada por el Creador y provista de leyes propias. […] El mismo Dios […] es el autor del matrimonio» (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial. «La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar» (GS 47,1).

Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla»» (Gn 1,28).

Pasos a seguir:

Expediente matrimonial

El expediente matrimonial se inicia ordinariamente en la parroquia del domicilio de la novia, y está destinado a que la Iglesia configure y registre adecuadamente el sacramento del matrimonio. En la parroquia de la contrayente le ayudarán a gestionar los documentos necesarios, que varían según la situación de cada persona (cristiano no católico, no bautizado, viudo, residente fuera de España, etc.). La tramitación del expediente matrimonial, en el más breve de los casos dura, al menos, dos meses.

Es preceptiva la comunicación al Registro Civil del matrimonio celebrado, dentro de un plazo no superior a los cinco días siguientes a la celebración de la boda.

Solicitar una fecha

Para solicitar una fecha es necesario acudir a la Parroquia, al menos uno de los contrayentes y concertar una entrevista personal con el párroco.

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Celebración en San Agustín

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Preparación Litúrgica

La celebración del Matrimonio se ajusta de modo estricto al Ritual del Matrimonio de la Iglesia Católica. Los novios tendrán las entrevistas que sean necesarias con el párroco para concertar con él los detalles y el desarrollo de la ceremonia. Si el sacerdote celebrante no pertenece a la de la Parroquia, se ha de poner en contacto con nosotros para indicarle las peculiaridades de esta iglesia, de forma que la celebración resulte digna y piadosa.

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Otros detalles de la ceremonia

Las flores se han de encargar en la floristería designada por la Parroquia. Se concertará con los novios una reunión para preparar los detalles del adorno floral.

La Parroquia no tiene ninguna jurisdicción sobre la vía pública: todo lo que se haga en la Plaza de san Agustín y aledaños debe ajustarse a la normativa municipal.

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Música, fotografía y vídeo

Somos conscientes de la importancia del momento de la celebración del matrimonio. Los novios quieren inmortalizar la celebración y acompañarla con música con el objeto de hacer patente la grandeza y belleza del momento. La música que se interprete en la celebración ha de ser música sacra, adecuada al lugar y al misterio que se celebra. Es cierto que en ocasiones hay música del agrado de los novios o que les recuerda algún otro momento importante de sus vidas. No es este el lugar, el momento, el espacio para esa música, en muchas ocasiones de películas o similares. La música, en la celebración, acompaña los diversos momentos celebrativos. Estamos a disposición de los novios para aconsejarles en este elemento tan importante de la celebración. También conocemos coros y formaciones que respetan este criterio. La parroquia dispone de un magnifico Órgano que puede utilizarse.

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Ofrenda

Desde tiempo inmemorial los fieles, al celebrar un sacramento, ofrecen un donativo u ofrenda que se emplea para atender los fines de la Iglesia: sostener el culto divino, hacer las obras de apostolado sagrado y de caridad, sobre todo con los necesitados y sustentar honestamente al clero y demás ministros.

En la Parroquia de san Agustín, lo habitual es que los novios entreguen un donativo como ofrenda por la boda. Esta ofrenda se destina a las obras de caridad y apostolado; a los gastos ordinarios de luz; limpieza; objetos para el culto; personal; agentes del servicio pastoral; y a los extraordinarios de conservación del patrimonio histórico–artístico.

Los contrayentes serán informados de la ofrenda establecida cada año y al reservar formalmente una fecha, dejarán una cantidad como señal.

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